¿Amazonia internacional o Brasileña?

DECLARACIONES DE CHICO BUARQUE
MINISTRO DE EDUCACIÓN DE BRASIL.
Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le
preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y actual
Ministro de Educación de Brasil, CRISTOVÃO CHICO
BUARQUE, qué pensaba sobre la internacionalización de la
Amazonia . Un estadounidense en las Naciones Unidas introdujo
su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta de un
humanista y no de un brasileño.

Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:

Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra
de la internacionalización de la Amazonia . Por más que
nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio,
él es nuestro.

Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación
ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su
internacionalización, como también de todo lo demás, que
es de suma importancia para la humanidad.

Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser
internacionalizada, internacionalicemos también las
reservas de petróleo del mundo entero.

El petróleo es tan importante para el bienestar de la
humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de
eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de
aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.

De la misma forma, el capital financiero de los países
ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una
reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar
solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar
la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las
decisiones arbitrarias de los especuladores globales.

No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para
quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.

También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la
internacionalización de los grandes museos del mundo.
El Louvre no debe pertenecer solo a Francia.
Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea
manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país.

No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió
enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro.
Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido
internacionalizado.

Durante este encuentro, las Naciones Unidas están
realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de
países tuvieron dificultades para participar, debido a
situaciones desagradables surgidas en la frontera de los
EE.UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las
Naciones Unidas, debe ser internacionalizada. Por lo menos
Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad.
De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de
Janeiro, Brasilia … cada ciudad, con su belleza
específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero.

Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no
correr el riesgo de dejarla en manos de los
brasileños,internacionalicemos todos los arsenales
nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son
capaces de usar esas armas, provocando una destrucción
miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas
en los bosques de Brasil.

En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia
de los Estados Unidos han defendido la idea de
internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda.

Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño
del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la
escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a
todos ellos sin importar el país donde nacieron, como
patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Mucho
más de lo que se merece la Amazonia . Cuando los dirigentes
traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la
Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían
estudiar; que mueran cuando deberían vivir.

Como humanista, acepto defender la internacionalización
del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño,
lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente
nuestra!

Cómo alimentar al mundo: el ‘milagro’ agrícola de Brasil rebate las teorías ecologista

@Ángel Martínez.- 12/09/2010 (06:00h)

Productividad frente a fatalismo ecologista; el milagro agrícola de Brasil como argumento esgrimido ante la reciente plaga de agropesimismo, una corriente que sostiene que la humanidad solo es capaz de alimentarse destruyendo los recursos naturales. Avivado por los recientes incendios en Rusia y las inundaciones de Pakistán (quinto y octavo productor mundial de trigo, respectivamente) y las alertas de la FAO sobre el repentino aumento de los precios internacionales del cereal, el agropesimismo ha cobrado un tono bíblico “que ha extendido el temor a las hambrunas”, según sostiene la prestigiosa revista británica The Economist.

Brasil emprendió una transformación de su política agraria a mediados de los setenta, cuando el Club de Roma, círculo integrado por empresarios y académicos, sostenía que el mundo estaba agotando las materias primas y que las sociedades colapsarían en el siglo XXI. Los cimientos de sus teorías eran los escritos de Paul Ehrlich, un malthusiano que argumentaba en 1967 que “la batalla para alimentar a toda la humanidad está perdida… en los 70 y 80 cientos de millones de personas morirán de hambre”. Un año después de que el Club de Roma publicase Los límites del crecimiento, en una época en la que los precios del petróleo parecían confirmar sus peores temores, Brasil intentó aumentar su producción agrícola apostando fuerte por la investigación científica y retirando los subsidios. Temía no poder mantener el nivel de importaciones y conseguir suficientes alimentos.

“En vez de intentar proteger a sus agricultores de la competencia internacional, como se sigue haciendo en gran parte del mundo, se abrió al mercado y dejó que los productores incompetentes se estrellaran”, destaca The Economist. “Esa fue una decisión sorprendente, porque la mayor parte del país era entonces considerada inadecuada para la explotación agrícola”.

En las cuatro décadas siguientes, Brasil se convirtió en un gigante productor; fue el primer estado en enfrentarse a los cinco grandes exportadores de alimentos: EEUU, Canadá, Australia, la Unión Europea y Argentina. Apuntaladas por las investigaciones de la compañía agrícola estatal y las plantaciones modificadas genéticamente, las explotaciones brasileñas llegaron incluso a superar en tamaño a las estadounidenses.
Las ‘trampas’ del milagro

“El modelo agroindustrial actual es un desastre, un modelo basado en la no soberanía alimentaria, en el comercio internacional de commodities, en una agricultura que consume enormes cantidades de energía y genera gases de efecto invernadero. Un modelo agroindustrial de maíz, por ejemplo, produce doce toneladas por hectárea mientras que otro ecológico produce siete. Es innegable. Pero el industrial consume unas cantidades de agua que no tenemos, descomunales cantidades de fosfatos y nitrógeno, exige muchísima maquinaria y poca presencia humana”. Quien refuta el supuesto milagro brasileño es Juan Felipe Carrasco, portavoz de agricultura de la organización ecologista Greenpeace, quien advierte que las medidas autárquicas decretadas por Moscú, que ha extendido la prohibición de exportación de grano hasta la mitad de 2011, mantendrán altos los mercados de cereales.

Para los grandes consumidores netos, entre lo que se encuentra Brasil, cuya producción local solo cubre la mitad de los 10 millones de toneladas de trigo que necesita, la prohibición impuesta por Rusia dibuja un panorama complicado. El repentino aumento de los precios del trigo provocado por la decisión rusa de extender la veda a las exportaciones preocupa a quienes vigilan la oferta de alimentos a nivel global. El analista de la FAO Abdolreza Abassian señaló recientemente que la medida extenderá “la volatibilidad y ansiedad en los mercados”. Los precios del trigo en los contratos a futuro se han incrementado en más de un 50% desde julio.   

¿Cuál es la alternativa al prototipo brasileño? Para Greenpeace, modelos agrícolas basados en lo local, que eliminen la dependencia de los grandes productores y no “destruyan” grandes extensiones de terreno, como demuestran los mapas de la deforestación en Brasil. “Los países en vías de desarrollo están aumentando su consumo de derivados animales, de carne, leche, huevos… La producción de un kilo de carne requiere diez kilos de vegetal. No falta alimento, se trata de cambiar tendencias”, señala.

Entre estas dos posturas se sitúan algunos analistas. José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval y columnista de Cotizalia.com, argumenta que, mientras haya disponibilidad de crudo y agua, podrán mantenerse las grandes explotaciones. “(La crisis alimentaria) no es algo que vaya a suceder mañana. Sin embargo, a largo plazo, el modelo agroindustrial no es sostenible, durará unas ocho décadas, pero no vamos en la buena dirección”, afirma.

Marcas o nombres

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio

Una madre revisa los pantalones de su hijo de 8 años antes de lavarlos y del bolsillo derecho cae una piedrecita. No es una piedrecita. Hay que imaginar la escena: el niño camina pensativo tratando de resolver un problema muy grande -el de un compañero de escuela muerto o el de la noche oscura y sin fronteras- y tanta es su angustia que se inclina al borde del sendero. Concreta ahí todo ese malestar abstracto: la palpa, la acaricia, la lanza al aire, la empuña y, ya un poco aliviado, la guarda en el bolsillo. Cada vez que le vuelve ese temor incomprensible, busca en el pantalón y cierra la mano sobre ella. No es una piedrecita; es un problema o, mejor aún, una tentativa de solución. Y por eso la madre, cuando la ve caer ahora del bolsillo, siente una mezcla de ternura y de ansiedad. En el último mes, su hijo ha recogido siete piedrecitas del camino, Unas de alegría y otras de dolor.

Así son los chicos. Así somos todos. Lo que no podemos explicar, lo que no podemos arreglar, lo que nos asusta o nos hace felices nos lo guardamos en el bolsillo. Primero empezamos recogiendo guijarros y después pasamos a acumular palabras y nombres. Amuletos, torniquetes y signos, los nombres son, en efecto, las piedras guardadas en la boca con las que tratamos, en un solo gesto, de conjurar el mal, solidificar el mundo y representar nuestras emociones.

¿Por qué sentimos la tentación de derribar los muros y es en cambio un crimen bombardear una casa? Porque los muros no tienen ojos y las casas sí.

¿Por qué los barcos tienen nombre y los coches no? Porque los barcos tienen alma y los coches no.

“Alma”, lo sabemos, no describe más que una determinada intensidad de la voluntad, una particular presencia del objeto, una terquedad de la atención. Hay criaturas -como el Dios judío- que no pueden ser nombradas y otras, en cambio, que están pidiendo a gritos un nombre al que responder. Si tratamos de asir la práctica en una regla, podemos decir que ponemos nombre a los cuerpos u objetos que cumplen al menos una de estas tres condiciones:

– Nombramos lo que hemos hecho con nuestras propias manos (incluido, claro, el cuerpo del amado, fabricado por nuestras caricias, construido con nuestra ternura, rebautizado una y otra vez, para aferrarlo mejor, con toda clase de diminutivos y paranimias).

– Nombramos también todo aquello a lo que hemos añadido nuestra propia vida a través de un largo uso o una atención constante. Los melanesios ponen nombre a sus cucharas de palo, los marineros a sus barcos, los granjeros a sus cinco vacas.

– Nombramos también todo aquello de lo que queremos apoderarnos. Colón renombró las tierras que iba conquistando mientras la Iglesia rebautizaba a los indígenas forzados a la conversión. Los estadounidenses se apropiaron de las sequoyas de California poniéndoles nombres de generales yanquis.

Pero si se trata de apoderarse de algo o de alguien, digámoslo enseguida, los nombres son poco eficaces y hasta peligrosos, pues todo lo que tiene nombre -aunque no sea el suyo propio- puede rebelarse contra su Nominador. El esclavo puede responder a la llamada del amo, pero también puede ser llamado por el amor, la razón o la revolución.

En realidad el dominio absoluto prefiere precisamente negar -o arrancar- el nombre a sus esclavos. Una de las formas elementales de negar el nombre es el número, que acepta o impone la intercambiabilidad de todas las existencias. Ni siquiera el más avaro de los hombres bautizaría una por una sus monedas; al codicioso no le importa que sean concretamente ésas sino que sean muchas y produzcan muchas más. No quiere llamarlas sino contarlas. Lo mismo pasa con el carcelero, el cumplimiento de cuya misión, al margen de caprichos compasivos y tentaciones humanas, depende del hecho de que sustituya el nombre del prisionero por una cifra. El dinero y los prisioneros no se nombran; sencillamente se numeran.

Pero lo contrario del nombre es sobre todo la “marca”. Los perros, los tigres, las ratas marcan su territorio con saliva o con orina. Los capataces esclavistas y los maridos machistas marcan a golpes los cuerpos con el ignominioso copyright de su crueldad. El racista marca a sus víctimas con un genérico de especie: para los colonos franceses, por ejemplo, todos los argelinos eran “Mohamed” y todas las argelinas “Fatma”. El dios iracundo, por su parte, marca las puertas que asaltará el ángel exterminador. Pero lo mismo pasa con la riqueza: el ganadero rico, que no tiene cinco sino cinco mil vacas, graba en sus lomos el fuego de su dominio y en los olivos del terrateniente no figura el nombre de un enamorado sino la mordedura fría de su propiedad.

Esa es también la fuerza íntima del capitalismo. Las grandes empresas y multinacionales marcan sus productos -confeccionados por desconocidos- y venden de hecho no los productos sino las marcas, con las que marcan a millones y millones de consumidores. Los coches no tienen nombre propio, al contrario que los barcos, porque nunca llegamos a apropiárnoslos a través del uso; siguen siendo propiedad de Seat, Volkswagen o Mercedes y nuestro prestigio no depende de que el coche sea nuestro -y lo amemos como a una cuchara de palo o a una vaca- sino de que nosotros portemos orgullosos la marca de nuestra ausencia y desposesión. Ilf y Petrov, dos escritores soviéticos que recorrieron EEUU a finales de 1935, no comprendían que los autores y los usuarios de las grandes realizaciones tecnológicas estadounidenses (centrales eléctricas o automóviles) permaneciesen ocultos bajo la etiqueta de una Marca Privada. El gran Ford, les explicaba su guía, no era conocido y respetado como mecánico sino como comerciante y si tenía que rivalizar en fama con los más temibles gánsteres era porque, bajo el capitalismo, “la gloria es una mercancía y, como todas las mercancías, rinde beneficios no a quien la produce sino a quien la comercializa”. El capitalismo disuelve sin parar los nombres individuales y, si algunos de ellos llegan a ser conocidos, es sólo a condición precisamente de que dejen de ser nombres para convertirse en “marcas”. Eso es lo que pasó con Ford y es lo que ha pasado, por ejemplo, con Michael Jackson, Fernando Alonso o Cristiano Ronaldo: su nombre es la marca que marca su falta de nombre y marca también nuestra pasividad de reses mansas sin bautizar.

Hay que defender los nombres y defenderlos también como medida de la producción y del consumo. ¿Cuántas cosas debemos poseer? ¿Cuándo debemos cambiarlas por otras? El cálculo es sencillo. Debemos ser tan pobres como sea necesario para poder poner nombre a todas nuestras cosas y usarlas tanto tiempo como sea indispensable para que respondan cuando las llamemos.

La madre que revisa el pantalón de su hijo de 8 años se preocupa al ver la piedrecita que nombra por aproximación -como todos los nombres- las angustias y temores del niño. Pero debería preocuparse mucho más al ver la marca -Levis, Pepe, Lee- que marca su cuerpo como si fuera la vaca de un ganadero rico. Contra las marcas, contra todas las marcas, debemos recuperar los amuletos, los torniquetes, los signos: los nombres con los que podemos llamarnos los unos a los otros y llamar al mismo tiempo al amor, a la razón y a la revolución.

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Migrantes, drogas e hipocresía

La Jornada

De acuerdo con un análisis editorial publicado ayer por The New York Times, la reciente masacre de 72 migrantes centro y sudamericanos en Tamaulipas confirma que el gobierno de Washington ha delegado en los señores de las drogas el manejo de su política de abasto migratorio, como lo hizo anteriormente con el suministro de estupefacientes, y los resultados están claros.

Con crudeza inusual, el rotativo neoyorquino señala que “los cárteles mexicanos son alimentados por Estados Unidos con dinero en efectivo, armas pesadas y adicciones”, en tanto el flujo humano hacia el norte es alimentado por nuestra demanda de mano de obra barata. En tal circunstancia, las organizaciones del narcotráfico –capitalistas oportunistas– han incursionado en el negocio del tráfico de personas: los inmigrantes indocumentados son en cierto sentido mejores que la cocaína, porque se les puede obligar a pagar rescate y convertirlos en transportadores de droga.

El editorial referido no sólo se inscribe en los señalamientos sobre la vinculación creciente entre narcotráfico y trata de personas –vínculo que resultó bárbaramente evidenciado por la masacre de centro y sudamericanos en Tamaulipas–, sino se suma a señalamientos acerca de la inacción de Washington en materia de combate a las drogas.

Numerosos analistas han expresado dudas sobre el compromiso real del gobierno estadunidense en ese empeño impuesto por él mismo a otros países del continente, y para fundamentar la sospecha se señala, entre otros hechos, la supuesta incapacidad del aparato policial, militar y tecnológico más poderoso del mundo para detectar e interceptar la inmensa mayoría de los embarques de estupefacientes ilícitos que cruzan la línea fronteriza entre México y Estados Unidos o que ingresan a la nación vecina por mar o por aire. Una vez que las sustancias ilícitas llegan a ese país, se distribuyen y comercializan sin mayores contratiempos desde el río Bravo hasta Canadá, y desde el Pacífico hasta el Atlántico.

La inconsistencia entre el discurso oficial de Washington y sus acciones para detener el tráfico de estupefacientes en su propio territorio es simétrica a la incongruencia que existe entre las políticas oficiales en materia de migración, persecutorias y represivas, tanto en lo federal como en los ámbitos estatales, y la evidente necesidad de la economía estadunidense de nutrirse con mano de obra barata que no puede provenir más que de los trabajadores extranjeros, latinoamericanos en su mayoría, que llegan al país sin documentos migratorios.

En uno y otro ámbitos se pone de manifiesto, pues, una hipocresía que a decir de The New York Times llega hasta el punto de usar a los cárteles mexicanos como la válvula que controla el caudal migratorio. En la medida en que tales ejercicios de simulación sean ciertos –y todos los elementos de juicio apuntan a que lo son–, resulta inevitable preguntarse si semejantes abismos entre las leyes y la práctica gubernamental y empresarial no configuran un gigantesco fraude a la comunidad internacional y a la propia opinión pública estadunidense, mayoritariamente intoxicada por una propaganda que presenta, por un lado, a un país inmaculado, próspero, sano y regido por el derecho, y por el otro, a un conjunto de naciones que invaden el territorio estadunidense con drogas ilícitas y con migrantes delictivos y peligrosos.

En todo caso, queda claro que el lugar de los segundos en el narcotráfico no es el de protagonistas, sino en todo caso el de víctimas, y que son las propias autoridades de Estados Unidos las que por medio de estrategias fallidas, si no es que malintencionadas, las que han creado esa circunstancia.

La conclusión inevitable de esta reflexión es que Washington carece de autoridad moral para dictar, acordar o sugerir acciones en materia de combate a la delincuencia organizada y, en particular, al tráfico de drogas, y que si bien es cierto que tales fenómenos, habida cuenta de su carácter global, deben ser enfrentados en forma multilateral y concertada, las estrategias correspondientes deben ser formuladas en negociaciones equitativas y respetuosas de las soberanías. En este punto, a las autoridades mexicanas corresponde abandonar la sumisión con la que han actuado y asumir de una vez por todas que Estados Unidos no puede ser visto como fuente de soluciones, sino como parte del problema.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/08/31/index.php?section=opinion&article=002a1edi

Europa sigue exportando basura electrónica

BBC Mundo

Europa sigue exportando basura electrónica a países de Asia y África a pesar de una prohibición que impide el comercio de estos desechos cuyos residuos peligrosos, pueden intoxicar a los trabajadores de las improvisadas plantas de reciclaje de los países subdesarrollados.

En el puerto de Róterdam, Holanda, un oficial de la Aduana abre una pesada puerta de metal para revelar una montaña de viejos televisores apilados en un contenedor.

En vez de seguir rumbo hacia Costa de Marfil, la carga será incautada y muy probablemente enviada de regreso a Alemania, desde donde vino, reporta desde la ciudad holandesa el corresponsal de la BBC Aidan Lewis.

Esta es la primera línea del esfuerzo europeo para impedir que los equipos electrónicos que se consumen y se desechan en grandes cantidades, sean luego vertidos en países subdesarrollados.

Es una labor de inmensas proporciones, explica Lewis.

Róterdam es el mayor puerto de Europa y recibe cada año más de nueve millones de contenedores de seis metros.

Solo un tercio de ellos transportan productos holandeses y la mayoría provienen de otros 26 países europeos.

Los oficiales de la Aduana holandesa realizan chequeos sorpresivos a cargamentos sospechosos teniendo en cuenta el destinatario y el destino de la carga.

Controles violados
Aunque los holandeses lideran el camino a la hora de tratar de impedir el comercio ilegal de basura electrónica, solo el 3% de los contenedores que pasan por el puerto de Róterdam son revisados.

Como promedio, en una semana se incauta un cargamento ilegal de desechos electrónicos, lo que se traduce en decenas de contenedores que transportan hasta 800 televisores cada uno.

Pero otro número desconocido de contenedores se escapa o se envían a otros puertos europeos con menos controles.

Como este es un comercio ilegal hay poca información fidedigna sobre su extensión. Pero a juzgar por el número de intercepciones en Europa y por evidencias anecdóticas desde las regiones que los reciben, el comercio ilegal está floreciendo, agrega el corresponsal de la BBC.

“En las costas europeas existe una extraordinaria cantidad de envíos ilegales”, afirma Karl-Heinz Florence, miembro alemán del Parlamento Europeo que trabaja actualizando las leyes regionales sobre el tema.

Los traficantes engañan a las autoridades de varias formas, ya sea no declarando que la carga es de productos electrónicos, fingiendo que van a ser reutilizados o escondiéndolos en el medio de los contenedores y rodeándolos de otras mercancías.

Países subdesarrollados
La carga que logra pasar los controles se dirige en su mayoría a países de África occidental, generalmente a Gana y Nigeria, o a países del sur de Asia como India y Pakistán.

“El problema fundamental con equipos electrodomésticos es que están muy mal diseñados”, dice Kim Schoppink, un activista de la organización ambientalista Greenpeace, quien viajó a Gana en 2008 para analizar de cerca las implicaciones de este problema.

“Eso hace que resulte muy costoso reciclar esos productos en Europa y de ahí a que sea más económico botarlos en países del Tercer Mundo”, agregó.

Los desechos electrónicos contienen valiosos metales que son extraídos en plantas informales de reciclaje.

Pero también lo que se bota puede representar un riesgo para la salud y el medio ambiente, porque contiene metales como plomo, mercurio, cadmio y níquel.

Quienes trabajan en los basureros, muchas veces niños, extraen el aluminio y el cobre y generalmente queman el resto, señala Schoppin

El proceso de la incineración de la basura, una práctica común en algunos basureros, hace que las cubiertas de varios artefactos se tornen peligrosas, pues tienen sustancias que evitan que los equipos se incendien si se recalientan.

“Así se liberan gases altamente tóxicos que pueden afectar a las personas que están cerca”, indicó.

Regulaciones
En 1989 se realizó la Convención de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación.

Pero este tratado multilateral de medio ambiente, que se ocupa más exhaustivamente de los desechos peligrosos, no ha sido ratificado por países como Estados Unidos.

Se estima que alrededor de un 80% de los desechos electrónicos estadounidenses son exportados a China a través del puerto de Hong Kong.

La Unión Europea adoptó la Convención en 1994, sin embargo sus reglas son parcialmente efectivas. Se estima que solo un tercio de sus desechos son tratados de acuerdo a sus directivas ambientalistas.

Pero aún cuando los funcionarios tratan de hacer cumplir la ley existen retos.

Éstos incluyen la distinción entre los productos de segunda mano, – que sí tienen permitida la exportación- y la basura electrónica, y el hecho de que los mecanismos de reciclaje no están preparados para procesar la gran cantidad de basura tecnológica que se genera en la actualidad.

Otro tema que preocupa a los analistas es la poca severidad en las multas, que van desde 200 euros, unos US$260, a países que nunca las aplican.

Y entre los mayores retos está lograr que las compañías electrónicas diseñen productos más verdes y educar a los personas sobre sus hábitos consumistas.

Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2010/08/100804_europa_exporta_basura_electronica_lh.shtml

Libertad de expresión, el “efecto silenciador” de los grandes medios de comunicación

Venicio Lima
Carta Maior

Traducido del portugués por Marga Durán

La prohibición del debate verdaderamente público de cuestiones relativas a la democratización de las comunicaciones por los grandes grupos dominantes de los medios, funciona como una censura disfrazada. Este es el “efecto silenciador” que el discurso de los grandes medios provoca exactamente en relación a la libertad de expresión que simulan defender.

Desde la convocatoria de la 1ª Conferencia Nacional de Comunicación (CONFECOM), en abril de 2009, los grandes grupos de los medios y sus aliados decidieron intensificar la estrategia de oposición al Gobierno y a los partidos que lo sustentan. En esa estrategia –asumida por la presidenta de la ANJ y superintendente del grupo Hoja – uno de los puntos consiste en alardear públicamente de que el país vive bajo la amenaza constante de la vuelta a la censura y de que la libertad de expresión, [que es, sin más, la libertad de prensa] corre un serio riesgo.

Además de la satanización de la propia CONFECOM, son ejemplos recientes de esa estrategia la violenta resistencia al PNDH3 y el carnaval hecho en torno de la primera propuesta del programa de Gobierno entregado al TSE por la candidata Dilma Roussef ( ver, por ejemplo, la cubierta, el editorial y la materia interna de la revista ‘Veja’, edición n. 2173).

La libertad – el eterno tema de combate del liberalismo clásico – está en el centro de la “batalla de las ideas” que se frena día a día, a través de los grandes medios, y se transforma en poderoso instrumento de la campaña electoral. A veces, parece incluso que volvemos, en Brasil, a los superados tiempos de la “guerra fría”.

El efecto silenciador

En este contexto, es oportuna y apropiada la relectura de “La ironía de la Libertad de Expresión” (Editorial Renovar, 2005), pequeño y magistral libro escrito por el profesor de Yale Owen Fiss, uno de los más importantes y reconocidos especialistas en la “Primera Enmienda” de los Estados Unidos.

Fiss introduce el concepto de “efecto silenciador” cuando discute que, al contrario de lo que pregonan los liberales clásicos, el Estado no es un enemigo natural de la libertad. El Estado puede ser una fuente de libertad, por ejemplo, cuando promueve “la robustez del debate público en circunstancias en las que los poderes fuera del Estado están inhibiendo el discurso. Puede tener que asignar recursos públicos – distribuir megáfonos – para aquellos cuyas voces no serían escuchadas en la plaza pública de otra manera. Puede incluso tener que silenciar las voces de algunos para que se oigan las voces de los otros. Algunas veces no hay otra forma” (p.30).

Fiss usa como ejemplo los discursos de incitación al odio, la pornografía y los gastos ilimitados en las campañas electorales. Las víctimas del odio tienen su autoestima destrozada; las mujeres se transforman en objetos sexuales y los “menos prósperos” quedan en desventaja en la arena política.

En todos esos casos, “el efecto silenciador viene del propio discurso”, esto es, “ la agencia que amenaza el discurso no es el Estado- Corresponde, por tanto, al Estado promover y garantizar el debate abierto e integral y asegurar que el público oiga a todos los que debería oír, o más aún, garantice la democracia exigiendo “que el discurso de los poderosos no entierre o comprometa el discurso de los menos poderosos”.

Específicamente en el caso de la libertad de expresión, existen situaciones en las que la “medicina” liberal clásica de más discursos, al contrario que la regulación del Estado, simplemente no funciona. Los que supuestamente podrían responder al discurso dominante no tienen acceso a las formas de hacerlo (pp.47-48)

Creo que el ejemplo emblemático de esa última situación es el acceso al debate público en las sociedades en donde (todavía) está controlado por los grandes grupos de los medios de comunicación

Censura disfrazada

La libertad de expresión tiene como fin asegurar un debate público democrático en donde, como dice Fiss, todas las voces sean oídas.

Al usar como estrategia de oposición política la repetición de la amenaza constante de volver a la censura y de que corre riesgo la libertad de expresión, los grandes grupos de los medios transforman la libertad de expresión en un fin en sí mismo. Además escamotean la realidad de que, en Brasil, el debate público no sólo (todavía) es regulado por los grandes medios como una inmensa mayoría del pueblo que no tiene acceso él, y del que históricamente está excluido.

Nuestra prensa tardía se desarrolla en los marcos de un “liberalismo antidemocrático” en el que las normas y procedimientos relativos a otorgamientos y renovaciones de concesiones de radiodifusión son responsables por la concentración de la propiedad en mano de las tradicionales oligarquías políticas regionales y locales (nunca tuvimos cualquier restricción efectiva a la propiedad cruzada), e impiden la efectiva pluralidad y diversidad en los medios de comunicación.

La interdicción del debate verdaderamente público de cuestiones relativas a la democratización de las comunicaciones por los grupos dominantes de los medios, en la práctica, funciona como una censura disfrazada.

Éste es el “efecto silenciador” que el discurso de los grandes medios provoca exactamente en relación a la libertad de expresión que simulan defender.

Fuente original: http://www.cartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=4728

¿Estamos viviendo una crisis energética?

Guillermo Alonso de Armiño

Se nos ha explicado detalladamente que el estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense originó la actual crisis. Pero nadie nos ha explicado por qué estalló esta burbuja. Lo que a continuación van a leer les va a parecer extraño, y es normal, ya que han sido adoctrinados en términos como subprime, trocear hipotecas y demás tecnicismos, pero nadie les ha mostrado los fundamentos con los que trato en este artículo: la crisis energética.

Es verdad que en los excesos financieros se llegaron a conceder enormes hipotecas a gente con pocos recursos. ¿Pero qué hizo que toda esta población dejara de pagar de golpe, todos a la vez? La respuesta está en el precio del barril de petróleo, que estaba en una escalada continua de precios, alcanzando su máximo histórico, 147 dólares por cada barril de petróleo. El encarecimiento de la energía produjo el alza de los alimentos y del transporte y los estadounidenses subprime (de bajos ingresos) no llegaban a fin de mes. Fueron dejando de pagar sus hipotecas para poder comer.

Aquí en nuestras tierras, el 9 de Junio de 2008, cuando el barril tocaba ya los 120 dólares, España se sumaba a la huelga europea masiva de transportistas, agricultores y pescadores contra el alza del precio del petróleo. Miles de camiones, tractores y barcos quedaron parados, y como muestra de su determinación, un titular de prensa de aquel cercano día: “Los transportistas advierten de que continuarán con las protestas y que están listos para la victoria o la cárcel”. No les salía rentable arrancar los tractores, camiones y barcos para trabajar, pagando el petróleo a 120 dólares el barril. Nuestro sistema de vida es totalmente inestable con un precio de barril de petróleo a 120 dólares.

La gráfica doble muestra en una línea a trazos el precio del barril en dólares actuales (USD. descontando el efecto de la inflación). Y mediante una línea continua la producción mundial en Millones de Barriles por Día (MBD). De 1984 a 2004 el precio se ha movido en torno a la horquilla 20-40 dólares por barril, mientras la producción pasaba de 60 a 80 MBD. A partir de 2004 a pesar de que el precio del petróleo se incrementa más de un 300%, la producción apenas logra aumentar un 6%, de 80 a 85 MBD. En conclusión, la producción mundial de petróleo tocó techo en el verano de 2008. Este hecho es conocido como “El cenit del petróleo” o Peak oil en inglés.

El cenit del petróleo se refiere al punto máximo de extracción mundial de petróleo y al impacto devastador que tiene sobre la economía y nuestros sistemas de alimentación y transporte cuando la producción comienza a disminuir y la demanda mundial de petróleo supera siempre a la oferta.

El alto precio del petróleo pinchó la burbuja inmobiliaria más grande, las hipotecas subprime estadounidenses. Ésta es la causa principal de la crisis actual. El alto precio de la energía hizo que subiera el precio de los alimentos y del transporte, provocando que las familias estadounidenses no llegaran a final de mes, dejando de pagar su hipoteca al banco. El incremento de los precios durante esta época fue el más alto desde hacía 35 años (desde la crisis de petróleo de la guerra del Yom kipur)

La crisis por el alto precio trajo la disminución del consumo de petróleo y la estabilización de los precios del barril, esta vez en torno a los 80 dólares/barril… hasta que se produzca la recuperación y vuelta a empezar el rally alcista.

Si se fijan en la gráfica histórica en 2007, a 86 dólares el barril esperábamos que bajara de precio acostumbrados a un histórico de precios de entre 20-40 dólares. Piense que, por ejemplo, los presupuestos de España para el año 2005 se habían efectuado para un precio del petróleo de 30 dólares por barril. Hoy conocemos, o mejor dicho deberíamos conocer, que el futuro, es una escalada brutal del precio del petróleo, es decir, del precio de la energía.

Las implicaciones de esta realidad geológica, el agotamiento del petróleo barato, son tan potentes que cuando una persona es expuesta por primera vez a los hechos del cenit del petróleo la primera reacción es la negación de los datos. No pasa nada, es una reacción normal y en pocos días se pasa. Después vienen otras fases: miedo, aceptación y finalmente búsqueda de soluciones.

Por desgracia el cenit del petróleo y sus irremediables e inmediatas consecuencias no es un tema difundido ampliamente entre los ciudadanos. Espero con este sucinto artículo motivar el interés de suficientes ciudadanos, y podamos, cuanto antes, motivar actuaciones conjuntas para afrontar la verdadera crisis que tenemos. Esto requerirá el planteamiento de acciones estratégicas a largo plazo, con acciones intermedias o tácticas a corto y medio plazo. Y la adopción de medidas correctoras inmediatas. Debemos plantearnos el paso de una sociedad basada en el petróleo a otra que utilice fuentes energéticas alternativas. Todo ello acompañado de cambios importantes en los hábitos de consumo.

Este tipo de planificación requiere de una capacidad de organización social y política que va más allá de los planteamientos partidistas actuales a 4 años vista (y a veces ni eso). Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre y no maquillar los datos de la crisis con falsas recuperaciones económicas que no son más que espejismos de un futuro muy incierto.

¿Estamos dispuestos a plantearnos futuros energéticos alternativos? Si seguimos por la senda actual no nos espera más futuro que una sucesión continua de crisis económicas acompañadas de conflictos sociales, nacionales e internacionales, cada vez más graves, como consecuencia de la lucha por el control de las pocas fuentes energéticas que quedan. Ésta es la razón principal por la que es necesario empezar a exigir un cambio del actual modelo energético. Pero primero debemos estar bien informados de la realidad. Espero que este primer escrito os anime a hacerlo.

Guillermo Alonso de Armiño y Érase. Ingeniero Industrial Superior.